PROPÓSITOS

Es probable que cada fin de año sea una de las palabras que más utilicemos, y ocasionalmente, en meses indiferentes, nos vamos acordando de lo que les prometimos, muchas veces nos hacen sentir bien y otras tantas un poquito culpables. Este es un pequeño pedazo de mi historia con un propósito -de muchos otros que siguen en estado de intención- cumplido.


Habían pasado más de 4 años en los que la «cosquillita» de abrir un blog me tocaba con un dedo las costillas, acompañado de un «pss pss» que sonaba en mi cabeza mientras yo me hacía la loca por motivos bien absurdos, hasta que llegó el día en el que decidí que ya era el momento de hacer suceder las cosas.


Fue en octubre del año pasado cuando por fin me quité de prejuicios y decidí tener mi propio .com para escribir y compartir sobre un tema que me apasiona, recuerdo perfecto el momento en que di click en «publicar entrada» y salir corriendo de mi casa, porque además, coincidió con la fiesta de cumpleaños de un amigo y ese día hice de su celebración también un festejo personal, y eso me hacía muy feliz, si así de bien se sentía cumplir un propósito que había pospuesto por tanto tiempo, estaba lista para más.


El blog me abrió las puertas a algunos desfiles del #MBFashionWeekMéxico o-i19 y una de las principales ideas de hacerlo era para, de una vez por todas, comenzar el camino que me llevara algún día a estudiar el master de Moda y Belleza de Vogue España que durante mucho tiempo solo había vivido en mis sueños.


Exactamente un año después, en octubre de este año, estaba aterrizando en Madrid -ahora mi casa por tiempo indefinido-


*grito agudo de felicidad*


Y de nuevo pensé:


Si así de bien se siente cumplir un propósito, estoy lista para más.

Claro que los propósitos cumplidos significan haber pasado por un cambio de rutina, y eso sí que cuesta trabajo -a veces hasta más que eso- en mi caso, significó un cambio de país, y con ello vendrían los lados amables y «los no tanto».


De hecho, me causa una especie de... mmm… sentimiento de curiosidad cuando las personas me dicen que se ve que la estoy pasando muy bien, digo, ¡qué cool!, pues sí, en primera se siente bien bonito que me escriban, y en segunda, no es por presumir pero tienen razón.


Creo que esto, en parte, se debe a que poco a poco he aprendido a sentir y vivir todo como al 200%, y cuando digo todo, es en plan T.O.D.O; incluidos «los no tanto», como los momentos de soledad que a veces sientes cuando estás lejos de tu familia y de la gente que quieres, de la comida que más te gusta, también cuando la incertidumbre de tu futuro quiere incomodarte, y cuando el estrés que a veces supone cambiar la forma en la que solías hacer las cosas quiere invadirte, e incluso, de hasta dejar de tener una cena lista hecha por tu papá cada que regresabas a casa -bueno eso ya es mucho pedir jaja, te extraño George-, y estos son solo algunos ejemplos de situaciones que parecerían lo contrario a lo que en mi caso, estando lejos de México supone pasarla bien, pero estoy consciente de que estos momentos no los puedo separar de toda mi experiencia, porque pienso que al final, vivirlos al 200% también se convierte en saber disfrutar y divertirse, aunque sea de forma diferente.


A veces creo que hago muchas cosas en mi vida porque, de verdad, en mi mente siento que me hace falta algo así como una métrica para poder dimensionar la dificultad de equis situaciones; en México tal vez me dirían que es porque soy un poco «vale madres», pero no creo que sea la definición correcta, no es por ahí; alguna vez una amiga me repetía constantemente que yo era una «intrépida» y en realidad no lo sé, no lo creo, lo único que sé es que verdaderamente rara vez pienso en la imposibilidad de las cosas, y muchas veces cuando estoy ahí ya bien metida, es cuando me digo:


*¿¡Ay Luz, neta en qué momento se te ocurrió!?*


Pero la mayoría de esas veces ya no hay vuelta atrás, porque ya estoy ahí, y lo que generalmente hago es disfrutarlo, vivirlo al 200%, porque no queda de otra.


Y así es como he vivido muchas de las mejores experiencias de mi vida, tanto muy graciosas como muy gratificantes, fue así también como llegué a Madrid, sin un lugar donde dormir ni siquiera la primera noche*, porque eso sí, si analizo las cosas con las que me he quedado con las ganas de hacer, no ha sido porque lo vea difícil, sino porque me ha dado miedo, ya luego vas entendiendo que, aunque es muy normal que todos lo sintamos, el miedo si que no sirve para nada.


Al final, esta es un poco de mi historia y de cómo estos tres meses he tenido muchos, muchos grandes momentos, que se sienten bastante más positivos de los pequeñitos llamados «los no tanto», supongo que el recorrido que implica cumplir cualquier propósito tiene sus dos lados, pero en mi caso, lo bien que se siente saber que estas haciendo algo que te apasiona, son momentos que se irán quedando en mis memorias y que son de esos que te hacen decir, gracias vida.


Por último, quiero contarles que uno de mis propósitos del 2020 -amo este número- es comenzar a compartirles más de lo que he estado aprendiendo, contenido de moda, belleza y algunos que otros pensamientos y experiencias de mi vida que me han servido y que espero les aporte algo, también me encantaría saber cuáles son sus propósitos.


Porque lo bonito se comparte.


Con cariño, Luz.












#2020 #NadaMeCombina #Propósitos


P.D: Gracias a todas las personas que han hecho de estos tres meses la mejor de mis experiencias de vida.

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